Gosick Volumen 2 - Capitulo 2
- Anibal Bello
- 4 mar
- 26 Min. de lectura

Capítulo 02:
Ardilla del sombrero
Kazuya y los demás bajaron en cierta estación, cambiando de trenes a unas vías que subían dirigiéndose a lo profundo de las montañas, lo llaman una formula más apta, una ruta dispuesta con dientes para subir la pronunciada pendiente y un tren con engranajes, al igual que el tren en el que estaban hace poco, las ventanas eran adornadas por cortinas de seda y otros artículos, el interior mataba el paisaje, la iluminación era algo sombría, y la temperatura se sentía baja.
El tren comenzó a moverse lentamente mientras se mecía de izquierda a derecha, el sonido de los dientes del riel y los engranajes del tren emitían un sonido metálico al avanzar, se sentía la vibración en el suelo. El interior del tren tenía una iluminación blanca azulada parecida a la luz de la luna, Las mejillas que se suponen eran rosadas de Victorique quien estaba sentada a un lado en silencio estaban teñidas de un color azulado, las linternas dispuestas en la pared emitían esa iluminación azulada, cayendo sobre los dos.
— ¡Oh! ¡Pero si es otra coincidencia!
Abrieron con violencia la puerta del área de asientos donde estaban ambos sentados, y una mujer joven entró… era la hermana que estaba hasta hace poco con ellos en el otro tren. Kazuya se sorprendió.
— ¿He? Este… ¿tú también…?
— Si, en serio…. ¿a dónde se dirigen?
Kazuya volteó a ver a Victorique con una expresión de “Yo también quiero saber eso” pero como siempre Victorique se mantenía en silencio ignorando a Kazuya, él se encontraba en problemas ya que la pregunta fue claramente dirigida a él, desde antes pensaba que era porque le dolían los dientes, pero parece que no era así, también las mejillas inflamadas que parecía tener, desde antes ya las había puesto así, Kazuya se había confundido.
La hermana se sentó frente a ellos, mientras que Kazuya tenía una expresión de estar en problemas, hasta hace poco no había podido platicar con Victorique debido a que la hermana estaba con ellos, pero nunca se hubiera imaginado que también abordaría este tren. Kazuya comenzó a hacer gestos debido a lo que le había comentado antes a Victorique…. Ella era la culpable del caso que resolvió hace poco “El ladrón de la vajilla de porcelana” por algún motivo el inspector Blois no capturó a la culpable, y parece que se quedó como un caso perdido…
La caja musical había hecho un fuerte sonido y se desmantelo, todos se sorprendieron y la paloma que estaba debajo de la falda de la hermana salió volando en cuanto la libero, todos voltearon a ver hacia arriba, y luego hubo un escándalo por el plato desaparecido… eso fue lo que Kazuya le dijo a Victorique, pero ella ahora se encontraba dándole la espalda como si no supiera nada, viendo a la ventana como un niño. Afuera solo había un paisaje oscuro, no podía verse nada… Kazuya volteó a ver a la hermana que se sentaba frente a él.
La luz de la linterna azul la iluminaba, al igual que ese mediodía parecía una mujer alegre, aunque ahora que sabía su verdadera naturaleza la veía sin simpatía, las sombras de las pestañas sobre sus mejillas hacían que estas se vieran más largas, esa expresión azulada de la hermana se oscurecía con los movimientos cada que la lámpara temblaba por los movimientos del tren, por algún motivo estaba intranquilo al verla, y ella de pronto abrió la boca.
— ¿A dónde se dirigen? Solo hay montañas hacia adelante.
—…Si…
— Y tan entrada la noche.
— Hermana, ¿A dónde se dirige?
—…
La hermana cerró la boca y se quedó viendo fijamente a Kazuya.
—… ¿Y ustedes?
— Ah, nosotros a Bolovitz…
— Ah, pero si vamos a donde mismo, yo también voy a Bolovitz, así que por eso subimos a los mismos trenes.
— Hee… a Bolovitz… ¿a qué?
—… ¿Y ustedes?
Le regresó una pregunta con una pregunta, por lo que cerró la boca y se pusó a pensar y a pensar.
— Este… por muchas cosas… ¿y usted?
— Yo… es el lugar donde crecí.
— Heee, ¿en serio? ¿Que clase de lugar es Bolovitz?
La hermana pareció dudar por un segundo y chasqueo la lengua ligeramente, para después responder.
— Quien sabe… es un lugar normal.
Dijo solo eso y cerró la boca. Victorique quien veía por la ventana la observaba por el reflejo proyectado frente a ella, solo fue un segundo, pero la hermana se percató de su mirada y la hermana la vio con el cejo fruncido, en ese momento Victorique volvió su mirada una vez más a la ventana, después de que la hermana pensó un poco, alejo su mirada de Victorique.
—… Me llamo Mildred, Mildred Arbogast ¿y ustedes?
— Yo soy Kujou, Kujou Kazuya, y mi amiga de aquí es Victorique.
— ¿Quién era la chica con la que estabas ayer?
La hermana de ojos azul grisáceos se hizo llamar Mildred, la última pregunta la hizo de pronto y con una ridícula voz baja, que Kazuya se sorprendió mientras dudaba.
— ¿Ayer? Ha, Ayer fui al bazar con Avril, es mi compañera de clases.
Después de recordarlo le contestó a la hermana.
— Hablando de ayer, ¿qué paso después de eso? La vajilla robada…
—…Quien sabe, después de eso no la encontraron.
Parecía decirlo como si lo lamentara, pero su expresión la traicionaba, perecida estar feliz, sonriendo levemente, incluso parecía estar a punto de reír.
— ¿Quién pudo haberlo sido?
—… Cierto, ¿quién pudo haber sido? ¿Y cómo lo hizo? En serio es un misterio.
—… Ah, ya casi llegamos.
Mildred tratando de engañarlo dijo eso mientras apuntaba hacia fuera de la ventana, en algún momento del ascenso entraron entre las montañas, llegando a la estación, a la estación Bolovitz. A la ciudad de ese anuncio.
🐺 🐺 🐺
Solo había un lugar de alojamiento en la ciudad.
— ¿Clientes que vienen a hacer alpinismo? No hay nada como eso, la pendiente por aquí es demasiado pronunciada, si no hubiera nada más arriba no tendrían la intención de seguir subiendo.
Al preguntar una vez llegando a la posada, le respondieron diciéndole eso. La ciudad era bastante solitaria, la que parecía ser la calle más grande pasaba por delante de la posada y estaba hecha de piedra, no era realmente popular, pero por alguna razón frente a la posada se encontraba un deslumbrante auto alemán último modelo estacionado, no combinaba para nada con el paisaje de la ciudad. Por algún motivo en la puerta de la entrada de la posada de tres pisos se encontraba un ave salvaje atravesada con una flecha cuyos restos colgaban boca abajo. Kazuya se le quedo viendo fijamente y un fuerte viento sopló, las alas del ave volaron con el viento, y emitió un leve sonido, desde la abertura de la herida que había sido hecha por la flecha caía sangre roja ennegrecida sobre el suelo de piedra de la entrada que terminaba formando un pequeño charco de sangre. Debido al viento, un sonido como de rechinido provenía desde el techo de la posada, y junto con el viendo, podía olerse un extraño olor como a bestia.
— Esta noche estarán alborotados, no vayan a salir cuando caiga la noche.
Kazuya dio la vuelta y le preguntó al dueño de la posada.
— ¿No podemos salir por la noche?
— Por las noches salen los lobos.
— ¿Lobos?
— Lobos grises.
Victorique estaba dentro de la mansión que rechinaba, se encontraba frente al mostrador y levanto la cabeza, el encargado se percató de ello, y acercó su rostro a ella como si estuviera frente a un niño.
— Desde hace mucho tiempo los lobos grises viven en las profundidades de la montaña, en las noches de mucho viendo, los lobos bajan la montaña y asesinan a las personas, si no quieres pasar por miedo y que tu piel sea rasgada, será mejor que no salgas de la habitación señorita.
Victorique no se asustó para nada, y el encargado se desanimó.
— También hay leyendas de esos tipos de lobos grises por toda la ciudad en la que vive Victorique.
— No, pero los de Bolovitz son reales, en verdad están aquí.
El encargado apuntó en dirección a la puerta.
— También los restos del ave, lo colgamos para que los lobos grises no entren ¿Por qué? Porque son malos con las aves, no sé si sea cierto, pero en este bosque hay lobos salvajes, así que tenemos que tener cuidado. Pero en lo profundo de la montaña existe la verdadera aldea de lobos, a lo que le hemos seguido temiendo durante 400 años es a eso.
Una mujer bajó desde el piso superior acercándose mientras hacia un gran ruido al caminar. Kazuya sin pensarlo recordó cuando conoció a la hermana en el mercado nomino, ciertamente, en ese entonces le dio una impresión semejante…
Después de bajar del tren que subió la montaña y llegar a Bolovitz, no fueron solo Kazuya y Victorique quienes se hospedaron en el lugar, Mildred también los acompañó, ¿sería que su traje de hermana habrá funcionado? Porque solo se registró sin escuchar nada, los tres tomaron sus maletas y subieron al segundo piso, mientras lo hacían continuaron hablando.
— Los que viven en esa aldea posiblemente sean hombres lobo, ellos tienen una expresión bastante relajada pero nunca los hagan enojar, suelen perder la compostura facilmente, perecerán buenas personas pero son algo desconocido, nunca los hagan enojar por cosas absurdas…
— Este… ¿hombres lobos?... eso quiere decir que… ¿son personas normales las que viven en esa aldea?
— En apariencia.
Se acercaron al pasillo lúgubre, que rechinaba tras cada paso, el estuco blanco en las paredes estaba desteñido tornándose de un color café. La tenue luz de las lámparas dispuestas en los muros se balanceaban mientras avanzaban.
Se habían preparado tres habitaciones pequeñas donde cada uno de ellos entraría, eran en sus respectivas habitaciones. A través de las ventanas podía verse la oscura noche como si fuese devorando las montañas, y el encargado dijo con en voz alta.
— En apariencia son humanos, pero no es así.
— No me digas que…
—Solo piénsalo, el cabello y la piel de los que viven en lo profundo del bosque…
Sus hombros comenzaron a temblar.
— Cabello ondulado, piel blanca, mejillas rosadas, pequeño cuerpo, todos, tienen una apariencia semejante, En Saubure debería de haber más clases de color de cabello y características físicas, también hay personas morenas y de piel castaño… eso es… si… es cierto.
El encargado se preparó y vio hacia abajo a la pequeña huésped Victorique. Y después de fruncir el ceño susurro.
— Sí, algo así, como ella… los tranquilos y temibles lobos grises.
Después de comprobar su propia habitación, Kazuya fue a la habitación de al lado donde estaba Victorique.
— ¿Necesitas que te ayude en algo…?
Intentó hablarle, y Victorique al escucharlo se dio la vuelta dándole la espalda, y siguió en silencio sin responderle.
— Victorique ¿Qué está pasando?
—…
— Tch.
Kazuya confundido cerró la puerta.
— (¿Que le estará pasando a Victorique? Solo se queda callada, además salimos de la escuela sin explicación alguna, incluso me trajo hasta aquí… si los maestros en la escuela se enteraran sería muy grave, Además el inspector Blois…la familia de Victorique no se quedaría callada…)
Sin pensarlo abrazó su cabeza, La vez anterior salieron de la escuela con el permiso especial del inspector Blois, parecía que era la primera vez que Victorique subía a un tren y caminaba por la ciudad, recordó cuando veía a los alrededores con curiosidad, había una razón por la cual no la entendía, y fue enviada para vivir en la escuela sin poder salir. Después de haber podido escapar a salvo del barco hundido, la relación de ambos se estrechó. Ambos lacayos del inspector Blois parecían estar realmente aliviados gritando “Que bueno que están vivos…” recordó sus expresiones, Si supieran que Victorique salió por su cuenta, tomó un tren y se encuentra tan lejos de la escuela… ¿qué pasaría?
— (Victorique… ¿qué estás haciendo?.. ese enuncio en el periódico… ¿en que estas pensando?)
Continuaba pensando mientras se abrazaba la cabeza, pero no tiene sentido pensar en ello en este momento, Victorique no quiere escuchar nada de lo que le dice y no podía estar tranquilo hasta que pudiera hacerla regresar a salvo a la escuela, Victorique podría ser muy lista pero prácticamente no ha salido, no sabía lo que pasaría si la dejase sola. Kazuya bajo las escaleras, y encontró al encargado quien leía una revista mientras bebía vino barato, y le dirigió la palabra temerosamente.
— Este…
En el instante en que menciono el anuncio, el encargado parecía furioso.
— ¿Qué pasa? ¿Los tres salen con lo mismo?
— No, a, este… ¿Eh? ¿Había más personas?
— Sí, ¿viste un auto alemán estacionado?
Kazuya recordó el automóvil elegante que estaba estacionado frente a la posada y asintió.
— Un grupo de tres jóvenes hombres vinieron en él, y me preguntaron lo mismo, leyeron el anuncio y parece que vinieron por el interés, vinieron pensando en que tendrían un poco por diversión, no parecen tener mucho cuidado, la aldea de los lobos grises no es un lugar al que ir solo por interés.
— Ha…
— Volviéndose locos por mitos, es para reírse, no sé si terminan pasándola fatal.
El encargado habló en voz baja, susurró como si estuviera hablando para sí mismo, y la luz de la lámpara de gas se oscureció por un instante.
— De seguro verán sangre, esos lobos grises nunca perdonarían la curiosidad.
La lámpara volvió a parpadear, y el encargado regresó a una voz alegre.
— Ellos se están quedando en el tercer piso, deberías hablar con ellos en la mañana, son tontos, pero parecen buenos tipos.
— Ha…
— Aunque vinieron con todas las ganas de subir la montaña en el auto. Pero la pendiente es demasiada pronunciada, no hay manera de que suban en él. Pídeles consejo, bien podrían contratar alguna carroza hasta halla.
— Ya veo… este, ¿me podría decir el nombre de esa aldea?
—… No tiene nombre.
Trató de preguntarle de nuevo, pero la expresión del encargado se torció, y continuó con voz baja
— Desde hace 400 años ese lugar… a pesar de que esta en lo profundo de una cordillera de montañas, no tiene nombre, ellos no le ponen nombre a su aldea, nadie sabe el motivo, as por eso que… son temibles… nunca hemos podido vivir tranquilos.
Una voz como la de un muerto, un escalofrió recorrió la espalda de Kazuya, dio las gracias y cuanto iba a comenzar a caminar.
— Ah, por cierto, ¿dónde está la casa de Mildred-san? aunque se hospedó junto a nosotros…
El encargado levantó la cabeza.
— ¿Que dijiste?
— La hermana que llego con nosotros, fue criada en esta ciudad.
—… Eso no puede ser cierto.
— Pero…
— Este es un lugar chico, si algún niño creciera en esta ciudad todos lo recordarían, y aun mas con su profesión, todos los humanos de este lugar son creyentes.
—…
— ¿No abras escuchado mal? No sé nada de esa mujer.
Kazuya se despidió del hombre y se dirigió a su habitación, al caminar por el pasillo del primer piso para dirigirse a las escaleras su mirada se encontró con la de Mildred que justo estaba bajando, quien se quedó observado hacia abajo a Kazuya que se había quedado de pie en el pasillo, sus hombros temblaban. La luz blanca de la linterna iluminaba la piel blanca de Mildred con sus ojos azul grisáceos.
—… ¿Qué haces dando por allí?
— A, no, este…
— Ya vete a dormir.
Mildred dijo eso con un tono un poco violento y se alejó por el pasillo. Kazuya quien había quedado de pie observó su silueta por la espalda, la escuchó dirigirse al encargado.
— ¿Puedo pedir prestado su teléfono?
— Está bien.
No sabía a quién le marcaria. Kazuya puso atención para poder escuchar algo de su conversación, aunque recordó que espiar a escondidas está mal, así que se retiró subiendo por las escaleras.
Kazuya había regresado al pasillo del segundo piso, y el suelo de madera rechinaba con un fuerte ruido con cada paso, solo había espacio para que pasara una persona, pero aun así el techo era alto, el lugar era un poco asfixiante. Sin darse cuenta aceleró el paso dirigiéndose hacia la habitación… el suelo rechinaba y las lámparas dispuestas en los muros parecían moverse junto con él. Se dio cuenta que estaba reviviendo aquel desafortunado barco y de inmediato trato de borrar el recuerdo.
— (Si este fuera un barco…)
Volvió a intentar no pensar en ello.
Caminaba rápido apresurándose a su habitación, dio la vuelta en la esquina del pasillo y se detuvo de golpe al ver que estuvo a punto de toparse contra una ventana. Fuera de esta se encontraba la empinada montaña, como si fuese un engranaje de sierra que estuviera cortando el cielo nocturno y del otro lado brillaba la luz de la luna. Se acercó a la ventana y la abrió, era entrada la noche y el viento frio comenzó a moverse de poco a poco y al hacerlo movió el cabello de Kazuya, traía consigo de algún lugar el olor de bestia. A lo lejos algo… un perro o algo aulló.
— (Este olor de seguro es por los restos del ave que están en la puerta de la entrada… no hay duda de que eso llegaría a apestar, entonces ¿¡por qué…!?)
Kazuya pensó para sí mismo. De pronto se escuchó un gran sonido detrás de él, se sorprendió, y volteó a ver por encima de su hombro para verla de perfil, su expresión era iluminada por la luz azul de la luna.
—…. Ah, solo es Victorique.
Aquella salió abriendo la delgada puerta entrando en el pasillo. Usaba una piyama de blanca muselina era una piyama de una pieza, desde el punto de vista de Kazuya la parte baja parecía un Monpe, sus orillas eran de un azul marino que hacían recordar al mar. Y mientras ponía su mirada en sus pequeñas manos…
— Tú, si una ardilla estuviera dentro de un sombrero y de pronto saliera ¿Por qué crees que sería?
—…. ¿Ha?
— Deberías preguntarle a la ardilla… en idioma ardilla.
— ¿He?
— ¿Por cierto, ¿qué es este lugar?
— ¿Que… qué?
Kazuya cerró la ventana, y se acercó a Victorique que vagaba en el pasillo.
— ¿Victorique? ¿Victorique? Oye, no me digas que,… ¿estas medio dormida?

Sus pequeñas manos estaban ocupadas tallándose los ojos, esos ojos verde esmeralda que siempre estaban bien abiertos, estaban más de la mitad cerrados, y parpadeaba una y otra vez.
—… No estoy dormida, que hombre tan mal educado, hablarle así a una dama, por cierto, ¿qué lugar es este?
— Una posada en Bolovitz.
— ¿Bolovitz?
— Tú me trajiste Victorique.
—……………………………
Un largo silencio, su expresión se tornó ligeramente roja, después de eso se dio la vuelta e intentó regresar a su habitación, Kazuya apresurado trató de detenerla.
— ¿Qué pasa?
— No, este... siento decirlo cuando estas dormida pero…
— No estoy dormida, ¿qué quieres?
— Después de todo por fin hablaste, hay algo que quiero preguntarte…
—… ¿Por fin hablé?
Victorique se quedó de pie entre la habitación y el pasillo, observaba hacia arriba con extrañeza a la seria expresión de Kazuya, sus rostros estaban demasiado cerca… eventualmente la expresión de Victorique cambio, abrió por completo sus ojos verdes y parpadeo varias veces, su expresión claramente era de “demonios”
—………. Ah.
— ¿Por qué estabas callada? ¿Te dolían los dientes después de todo?
— ¡No es eso!
Victorique estaba de mal humor, y regresó sola a su habitación, Kazuya la siguió detrás y al dirigirse a la puerta de la habitación una almohada, un sombrero y al final un zapato salieron volando.
— Uwaa. Espera…
Victorique lo estaba atacando, y en esta ocasión levantó una silla con forma de huella de gato, y se comenzaba a cansar, Kazuya desesperado continuó.
— ¿¡Que estás haciendo!? ¿¡Por qué estás tan enojada!?
— ¡Es la habitación de una dama, no entres!
— ¿Da, Dama? Puede ser pero….
— Haa, haa, haa.
Pacería que Victorique estaba muy cansada, se rindió de levantar la silla y terminó sentándose ella, la silla parecía hecha de madera por lo que era ligera, tanto que incluso Kazuya que podría levantar a Victorique con todo y silla y darle vueltas.
Kazuya entró en la habitación confundido, y se quedó de pie a un lado de la puerta cortésmente dejando esta entreabierta, Victorique se le quedó viendo.
— Kujo, además tu dijiste me gustan más los libros, ¿ya se te olvido? En serio que clase de hombre eres…
Después de decir algo extraño guardó silencio, las ventanas comenzaban a moverse, parece que el viento comenzaba a ser más fuerte. Las nubes oscuras comenzaron a devorar la montaña fuera de la ventana, las montañas habían desaparecido remplazadas por un profundo azul oscuro que presagiaba la lluvia. A lo lejos rujió un trueno.
— ¿Victorique?
—… Ya está bien.
— Por eso, ¿qué cosa?
— Ya está bien, así que está bien.
— ¿¡Que cosa!?
Kazuya comenzó a enojarse, y sin pensarlo golpeó un muro, le dolió el puño que terminó guardando silencio con lágrimas en los ojos.
—… Este… Victorique, ¿por qué viniste aquí?
—….
— ¿Es por qué te mostré ese anuncio del periódico verdad? Cuando viste eso estabas extraña, ¿Por qué dejaste la escuela para venir hasta aquí?... ¿no puedes salir por tu cuenta de la escuela verdad? ¿No fuiste tú la que dijo eso? A pesar de que hasta ahora habías estado allí tranquilamente ¿por qué de ponto decidiste moverte en cuanto leíste el anuncio?... ¿qué está pasando?
—…
— Victorique, me voy a enojar, esta actitud tuya es la misma que la del inspector Blois… que la de tu hermano mayor. Es la misma actitud de cuando ese hombre te ignora dándote la espalda, y ahora conmigo…. ¿Acaso me odias? ¿No somos amigos?
—…
— Incluso tú lo dijiste, que tú eras una de mis pocos amigos…
Kazuya dijo eso y cerro la boca. La lluvia del otro lado de la ventana comenzó a escucharse, era una lluvia de niebla, una niebla se había levantado haciendo que las montañas ya no fueran visibles, la ventana vibraba con las pequeñas gotas de lluvia que la golpeaban por la parte exterior, las gotas bajaban lentamente hasta desaparecer y la temperatura de la habitación bajo un poco. Al final, Victorique abrió la boca.
— Vine a demostrar la inocencia de esa persona.
— ¿He?
— La inocencia de Cordelia Gyaro.
Kazuya veía a Victorique quien lo observaba con fuerza, con el ceño fruncido mientras se mordía el labio. Sin pensarlo volteó a ver al pasillo, y cerró la puerta para que nadie escuchara, para después acercarse a Victorique, no había ninguna otra silla, así que tomó la maleta con forma de caja que Victorique había traído y la puso a su lado, se sentó sobre ella y volteó a ver a Victorique hacia abajo.
—… Esto.
Victorique comenzó a buscar algo en la bolsa del pecho de su piyama para mostrárselo.
—… ¿Que estás haciendo?
— Espera
—…
Victorique seguía buscando.
— ¿He?
— ¡Espera! ¡Espera! ¡Espera!
— No soy un perro.
Cuando Kazuya dijo eso Victorique levantó la mirada para verlo, tenía una expresión extraña.
Después de buscar por tanto, por fin logró sacar algo redondo y dorado. Kazuya se quedó viendo eso un momento, y se percató de que se trataba de una moneda de oro, tenía un pequeño agujero por el cual pasaba una cadena, hecho a modo de collar. Parecía como un juguete hecho por un niño, se sentía desbalanceado con sus elegantes ropas, solo era algo con una condena, Victorique continuó en voz baja
— Cordelia me dio esto.
— El inspector Blois dijo ese nombre cuando tenías puesto el sombrero estilo indio.
— Cordelia Gyaro es mi madre.
Lo dijo en una voz muy baja, al darle la vuelta al collar lentamente, se encontraba algo pegado, era lo que quería mostrarle a Kazuya, ell quien llevó su mano hacia los pies donde ella estaba sentada, esa figura era como la de un caballero recibiendo un regalo de su mujer. Al otro lado de la moneda, se encontraba una pequeña Fotografía, era una fotografía en blanco y negro. Victorique de Blois, era como cuando se había puesto el sombrero que le llevo Kazuya, su cabello largo arreglado por detrás, con por poco de maquillaje, con sus labios pintados de rojo. Al ver eso Kazuya tuvo una sensación de incomodidad, parecía Victorique de adulta.
—… Esto… ¿eres tú?
— No
Victorique movió la cabeza hacia los lados.
— Ella es mi madre Cordelia Gyaro.
Kazuya tragó saliva, la lluvia comenzó a caer con fuerza y aumentó el sonido de las gotas golpeando la ventana. Victorique permaneció sentada en la silla de pata de gato.
— Mi madre era bailarina, salía a bailar al escenario con atuendos de ceda y maquillaje estilo occidental, era alguien bastante famosa, y en una de las idas y venidas de mamá ocurrió un incidente, dijeron que era una mujer misteriosa.
La voz de Victorique era tan tranquila como cuando estaba en el último piso de esa biblioteca, rodeada de libris y de árboles de países del sur. La lluvia fuera de la ventana continuaba, enfriando un poco más el interior de la habitación. Kazuya abrazó sus rodillas sobre el equipaje de Victorique y levantó la mirada para verla.
— En ese entonces termino relacionándose con la familia Blois dándome a luz, después de eso desapareció, yo fui criada en lo alto de una torre alejada en la casa del marques, no sabía nada de mi madre que me dio a luz, hasta que una noche subió a la torre y me entrego este collar con la moneda de oro por fuera de la ventana se encontraba mi madre, supé de inmediato que era idéntica a mí.
— ¿¡Fuera de la ventana!? ¿¡De una torre!?
— Cordelia era muy ligera, mucho…
Kazuya guardó silencio.
— Mi madre siempre me estuvo cuidando.
—… Um.
— Se pensaba de mi madre como un lobo gris de los arraigados de Saubure, proveniente de cierta alcea. Las personas comenzaron a vivir en esta aldea a partir del siglo 16, se decía que se alejaron de la sociedad viviendo aislados, Pequeños y dorados, y bastante inteligentes, se decía que eran aldeanos bastante extraños. Era difícil encontrar a alguien proveniente de esa aldea en la ciudad. Los aldea realmente no salían de las montañas, así que un marqués de Blois se enteró y deseó ingresar en su línea sanguínea ese poder especial, entonces se percató de la bailarina famosa y la hizo suya, pero la que nació no era el hijo varón que el marques deseaba, fui yo. Después de eso se enteró del motivo del porque dejo la aldea, mi madre trabajaba como sirvienta en la aldea, pero cierta noche cometió cierto temible crimen y terminó siendo expulsada de la aldea. Ella era una criminal, el marqués de Blois se había arrepentido de haber ingresado sangre maldita a su familia, así que a la niña nacida, sin importarle mi estado, me encerró en una torre con miedo, donde crecí. Solo tenía libros, y tiempo… mi madre huyó, hasta que su cuerpo fue golpeado por el juego de la gran guerra que acababa de iniciar.
Victorique dejo de hablar. Tomó el collar de la mano de Kazuya y se lo puso en el cuello, la moneda de oro volvió a hundirse en lo profundo del mar.
— Siempre quise conocer la aldea en la que mi madre nació, y de la cual fue expulsada.
— Um…
— Todo se encuentra regresando a esa noche, en la noche en que mi madre cometió ese crimen, si tan solo no fuera por eso, mi madre no hubiera sido expulsada de la alea, aunque yo tampoco hubiera nacido.
—… Ese sería un problema.
Victorique abrió grande sus ojos verdes sorprendida. Puso ambas manos en sus labios y comenzó a reír. Kazuya se puso rojo.
— Que, ¿qué?
— Eres un hombre entretenido Kujo.
—… Lo siento.
Victorique continuó riendo, después de eso levantó una mano y apuntó hacia la puerta.
— Ya vete a dormir, sal de la habitación.
—… ¿Mm? E, entendido, es la habitación de una dama después de todo.
— Yo también dormiré, me dormiré de inmediato, así que ya sal.
— Entendido… buenas noches Victorique.
Kazuya se puso de pie deprisa y se propuso a dejar la habitación, se detuvo frente a la puerta y presintió que le dijeron algo desde detrás y se dio la vuelta. Pensó que sería su imaginación, Victorique se encontraba con la boca cerrada, solo miraba en silencio a Kazuya.
—…¿¿Nn??
— Vine a demostrar la inocencia de mamá.
— U, um…
Kazuya un poco confundido le regreso la mirada. El rostro al que estaba acostumbrado ver parecía como el de una persona desconocida, y de pronto se sintió intranquilo. Victorique comenzó a hablar.
— Esta es una batalla, entre la aldea de los lobos grises y ella.
— U, um…
— Así que no regresaré hasta que Cordelia Gyaro gane.
Cuando Kazuya salió al pasillo parecía que una puerta en la lejanía se cerró haciendo un pequeño sonido. Al voltear a ver se trataba de la habitación que Mildred había pedido… se movía ligeramente.
🐺 🐺 🐺
Al día siguiente.
Kazuya y Victorique desayunaban en el comedor de la posada algo té rojo, pan y jamón frio, cuando varios hombres bajaron. Un hombre de barba, lentes y algo de músculos hablaba claramente y rápido mientras bajaba las escaleras, parecía ser del tipo que hablan mucho, otro hombre de la misma estatura, con una chaqueta bastante elegante, y un reloj de oro brillante, tenía una sonrisa que parecía ser una persona buena, respondía con una voz grave. Detrás de ellos bajaba un hombre que los seguía, saludo a Kazuya con una ligera voz y al verlo su expresión se enrojeció un poco, parecía ser el más joven.
Los hombres tomaron asiento y se comenzaron a servir té rojo y leche, comenzando a comer pan, parecían bastante hambrientos. El hombre hablador de barba y lentes se presentó a Kazuya, según ellos, los tres eran estudiantes en una universidad de artes, se encontraban estudiando pintura, parecía que habían hecho alguna clase de calendario para visitar el pueblo como viaje de entretenimiento.
— Los de su casa son ricos, ¿viste el auto de afuera? Es un auto que le compró su padre.
Golpeó el hombro del hombre de chaqueta y reloj de oro y le respondió en voz grave, parecía que su nombre era Derik, tenía la misma complexión que el hombre de barba, pero él en cambio tenía un rostro más femenino, el hombre que hablaba mucho se hizo llamar Alan, y el otro, el hombre de mayor estatura, se hizo llamar Raul en voz baja y con algo de vergüenza, parecía ser alguien que se avergonzaba fácilmente, solo con nombrarse se ruborizó. Alan hablaba divertido de cómo llegaron con el auto alemán de último modelo del cual estaba orgulloso, alagando al padre de Derik quien le había regalado el auto, al parecer el viaje fue pagado por Derik, quien se puso de pie y comenzó a hablar como si fuera Alan. Raul solo sonreía en silencio, era alguien un poco difícil de entender. El encargado de la posada llegó a dejarles un cambio de té y todos dejaron de hablar.
— Lo siento, pero es imposible llegar en auto a la aldea de los lobos grises. La pendiente de la montaña es muy dura, por lo que el auto no podrá subir.
—… ¡No puede ser!
El hombre del auto Derik comenzó a quejarse en voz alta, Alan comenzó a hacer un escándalo sorprendido, y Raul guardaba silencio con una expresión insegura.
— Tendrían que contratar una carroza, si es a caballo podran ascender esa pendiente.
Derik parecía haberse rendido y asintió, Alan, el hombre de barba continuaba quejándose mientras que Raul sin hablar trataba de tranquilizarlo. Y entonces, la que estaba más dormida, Mildred bajó mientras bostezaba.
— Buenos días…
— ¡Uwaa!
Kazuya gritó sin querer, de nuevo la hermana emanaba un aroma de alcohol, los tres estudiantes universitarios se percataron de su presencia y se le quedaron viendo con extrañeza. El encargado de la posada continúo tranquilamente
— Estos niños se dirigen a donde mismo, ¿qué les parece rentar la carroza juntos? Si los cinco suben sería mucho más barato.
—… Los seis.
Mildred había tomado asiento perezosamente, los cinco sorprendidos voltearon a verla
— Yo también iré.
—… ¿Por qué?
— ¿Cómo que por qué? Yo también quiero ir, somos 6, cuento con ustedes, y con ustedes también.
Los tres estudiantes universitarios asintieron mientras ponían sus ojos en blanco y negro por la peste del olor de Mildred que acababa de llegar.
A lo lejos un relámpago resonó, era como si un gran cuchillo hubiera cortado una carne que estaba sobre una plancha de madera, era un sonido pesado, pero después de que se escucharan varios truenos, las nubes del cielo de la mañana regresó a ser tranquilo. Varias gotas gordas de lluvia caían, y Kazuya y los demás que se encontraban de pie frente a la posada se comenzaron a mojar ligeramente.
—… Esta es una carroza de un caballo, la habilidad del conductor es de primera clase.
El encargado de la posada apuntó a una carroza que se acercaba lentamente por el camino, era una carroza vieja de cuatro ruedas, el conductor era un anciano cuyas barbas le cubrían la mitad del rostro. Al acercarse, el conductor de la carroza lanzó unas palabras.
— No sirve un auto, incluso para subir en carroza se necesita de habilidad o de lo contrario sería imposible.
Parece ser que los aldeanos de “la aldea sin nombre” le pidieron que si algún cliente que viniese por el anuncio llegará, los llevase a la aldea en carroza, pero cantidad de dinero por ello era bastante grande, Kazuya trató de poner resistencia por el precio exagerado, pero Derik que era hijo de un rico, sacó una cartera bastante gorda y pagó de inmediato. El conductor vio la cartera sorprendido, y su expresión se nublo como pensando que ojalá les hubiese pedido más, cuando Kazuya trató de decir algo, el hombre de barba, Alan lo detuvo.
— Este bien, algo como eso no es nada para Derik.
—… Pero al menos déjame pagar algo.
— Este bien, no te preocupes.
Alan se enorgullecía inflando su pecho como si hubiera sido él quien pagó, y Raul solo se encontraba con los hombros decaídos mientras permanecía en silencio. Los seis abrazaban su equipaje, y se sentaron de dos en dos uno frene al otro, cuando la carroza comenzó a moverse lentamente. El caballo caminaba en un inicio por el camino hecho de piedra que después cambio a uno lleno de lodo, de pronto el sonido comenzó a escucharse más fuerte, haciéndose notar que comenzaba a ascender por la pendiente. La carroza se tambaleaba de izquierda a derecha como si estuvieran tratando de escalar un gigante. Mildred dijo “creo que me comienzo a sentir mal…” y los tres que hablaban alegremente se vieron entre sí con una expresión de preocupacion.
— Hermana, ¿tiene resaca?
El hombre de a barba, Alan habló en representación, y Mildred sin intentar abrir la boca movió la cabeza hacia los lados. Victorique levantó la mano hasta la ventana hecha de madera, y abrió ligeramente. La lluvia que había comenzado a caer, se tambaleaba fuera de la ventana como si formase un patrón. Las espinas color cobrizo se aferraban en las orillas de camino, no parecían ser afectadas por la lluvia, al final comenzó a verse algo de follaje y justo debajo se encontraba un acantilado, si el conductor se equivocara aunque sea un poco en contralar el caballo de seguro terminarían cayendo en picada, y el roció de la lluvia bajaba de la lluvia lentamente.
El caballo emitía sonidos duros al avanzar mientras atravesaba un viejo puente de piedra, bajo el puente podía verse fluir con violencia un rio. Al pasar el rio, la altura de los arboles era cada vez mayor, las hierbas y árboles de color olivo se mecían con el agua de la lluvia, bajo de ellas se expandía el suelo de un color cercano al negro, ¿Cuánto más seguirán subiendo? La altura de los arboles aumentaba, y con ello el bosque se volvía más oscuro, a pesar de que era de mañana fueron envueltos por la oscuridad, como si fuera el lugar a donde se dirigían las pesadillas. Se pudo ver ligeramente la silueta de un hombre anciano que dio la vuelta entre las hojas de los árboles y el viento húmedo.
Kazuya le habló a Victorique en voz baja.
— Por cierto…
— ¿Qué pasa?
— Esa hermana, no la atraparon a pesar de que robo el plato en ese bar, además, a pesar de que dijo que provenía de Bolovitz el encargado de la posada lo negó, quien será esa Persona…
—… No necesitas preocuparte por ella.
¿Por qué Victorique habría dicho eso? Además de que desvió la mirada sin mucho interés, A Kazuya no le quedó de otra más que guardar silencio.
¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que subieron a la carroza? Al final de pronto todo se volvió más claro. Los arboles terminaron, y allí se encontraba algo extraño. Era redondeado, estaba rodeado por montañas, y el fondo parecía ser como de cristal, el lugar de cristal rodeaba un enorme castillo, rodeado por una pequeña aldea de casas hechas de piedra… esa era la aldea, la carroza se detuvo y el caballo relinchó. Por algún motivo movía la cabeza hacia los lados, se descontrolaban como si detestara estar en el lugar, el conductor jaló de las riendas tranquilizándolo a la fuerza, quien molesto, comenzó a retroceder lentamente.
Los seis bajaron de la carroza, a un lado del camino escarpado se encontraba un profundo acantilado las rocas bajaban a su lado, tenía una profundidad que el ojo por poco no alcanzaba a ver, las paredes de piedra ese acantilado parecían estar filosas. En lo profundo podría verse algo blanco mientras levantaba algo de ruido, era un rio, el agua fluía mientras creaba espuma golpeando las paredes de piedra.
Kazuya volteó a ver al acantilado para luego desviar la mirada, y ver la aldea de piedra color gris, en ese momento el cielo se había despejado, la mañana brillaba iluminando las torres y techos de piedra de la aldea. Kazuya entrecerró los ojos por el brillo. Los tres hombres exagerando alzaron la voz.
— ¿¡Este es ese lugar!? ¡¡Asombroso!!
En cuanto escuchó eso el conductor frunció el ceño, Kazuya de pie a un lado de Victorique volteó a verla a la cara, Ella se quedaba observando fijamente hacia arriba, hacia la aldea de piedra sin hacer ninguna clase de expresión, se podía ver una enorme puerta de acero que observaba al acantilado de piedra, estaba hecho a modo de detener a los intrusos, los altos muros rodeaban para evitar enemigos provenientes de cualquier parte, era como una ciudad castillo de la era medieval. El viejo puente de manera, por el uso comenzaba a desteñirse, tenia de ancho suficiente para que una carroza pasara, y a sus lados se encontraban cuerdas gruesas a modo de pasamanos. La puerta enorme de acero tenía el emblema de mal augurio de los lobos grises.
—… Bien, entonces los dejo.
El conductor se proponía a retirarse.
— El festival del solsticio de verano comienza mañana en la mañana, y termina al caer la noche, vendré por ustedes en ese entonces…
Los caballos relicharon con un sonido seco y se dieron la vuelta, se alejaron dejando tras de sí un fuerte sonido, pasando por el viejo puente. Y bajando lentamente.
Entonces se pudo escuchar la pesada puerta de acero abriéndose lentamente…
Monologo 2
Subimos por la escarpada montaña, La carroza jalada por un caballo se tambaleaba de izquierda a derecha mientras ascendía, lo bastante como para sorprenderse. La fina lluvia continuaba cayendo. Nadie en la carroza hablaba, solo podía escucharse el sonido al avanzar.
La chica abrió la ventana, y el chico asiático que trajo consigo, Kujo Kazuya, la observaba, parecía estar preocupado. La chico reaccionaba a cada una de las cosas que hacia la chica, y al verlos quise reír. Los dos comienzan a pelear de inmediato, puede que para la vista de los adultos se lleven bien, pero parece que ellos mismos como niños no se percataban de eso. La carroza se tambaleaba, las ramas afuera de la ventana continuaban y continuaban. Pero aun así tenía que seguir adelante, tenía que llegar a esa aldea.
Observé el rostro de perfil de la chica, sus ojos verdes tenían un color tranquilo como algún mar de un país del sur, no le quedaba la mirada al oscuro bosque con lluvia y viento. También pude ver ligeramente el rostro del chico, sus ojos oscuros observaban fijamente a la chica, perecía ser gentil pero a la vez algo terco. Ellos no lo sabían, no sabían el objetivo de sus acompañantes.
No lo sabían…



Comentarios