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Savage Fang Volumen 1 - Capítulos 9 y 10

Capítulo 09:

Sin piedad


 

— Uu....

Dentro de la oscuridad Colette despertó con un pequeño gemido y sintiéndose fatal, su sueño fue ligero, aun le quedaba dolor por el daño que le habían provocado ayer, dentro de sus pensamientos recordó la situación en la que se encontraba. Escuchó que unos tipos le habían dado una drogas a su amiga y salió corriendo de la escuela, encontró a un hombre con capucha para después entrar en el almacén y detener la venta... allí fue donde la derrotaron y la tomaron cautiva, había fallado en juzgar la diferencia de poder, había sido derrotada, pero lo que la hacía sentir mal era por no haber podido hacer nada por su amiga terminando en esa situación, tenía miedo por sí misma, y Colette chasqueó la lengua.

— ¿Despertaste? ¿Qué tal dormiste?

—... Como si pudiera dormir en el suelo.

Un hombre en una silla le preguntó eso como si fuera un abroma. Colette le contestó con sarcasmo y el hombre continuó sin que le importara eso.

— Colette, princesa del imperio Koruong, no creí que fueras tan estúpida, gracias a eso nuestros planes se volvieron locos.

Su voz era insensible, pero aun así había claro odio en sus palabras, Colette apretó los labios al escucharlo, las cadenas que la tenían amarrada se dirigían a la silla del hombre. Debido a la oscuridad y a que traía una túnica no podía ver su rostro pero Colette se le quedó viendo a esos ojos que se encontraban en medio de la oscuridad.

— Gran maestro, terminamos de revisar el Ludous del almacén.

—... Buen trabajo, si terminaron vayan a vigilar afuera.

Después de algo de tiempo aparecieron otros hombres, llamaron a este hombre “gran maestro” de manera cortés y le respondió con el trabajo que debería de hacer. Parece que dentro de los demás que tienen esas túnicas parecía alguien que estaba en una posición superior. Colette alejó la mirada del hombre y volteó a ver a los demás, ¿al hacerlo ellos se habrían dado cuenta de su mirada? Uno le mostró una sonrisa vulgar.

 

—... ¿Pero esta es la princesa Colette? Aun es joven pero que buena mujer, después de todo las que tienen sangre alta no solo su rostro... parece deliciosa.

Colette frunció las cejas ante las palabras del hombre ¿Qué tan vulgar podría ser? Incluso aunque no fueran palabras dirigidas a ella eso la molestaba, pero no solo a Colette, sin embargo el hombre no parecía darse cuenta de eso y continuó.

— ¿Pero si la vas a matar está bien que nos la quedemos verdad? Sería un desperdicio simplemente matarla.

— Es cierto, ese pecho no parece de una niña...

Su ropa se había roto en la pelea y los hombres la veían como si quisieran lamerla, la expresión de Colette se tiñó de rabia fulminando con la mirada a los hombres y ellos solo continuaban poniendo en palabras su lujuria.

— Cállense.

Pero con una palabra el hombre llamado gran maestro hizo que los hombres se pusieran pálidos, junto al sonido de sus pisadas se puso de pie frente a los hombres.

— Lo... ¡lo siento mucho...!

— Me duelen los oídos solo de escuchar tus vulgaridades, cerremos esa boca.

— ¡Perdone...!

El hombre que era llamado gran maestro extendió la mano sellando la boca de uno de los hombres, y entonces...

— ¿¡Mmmm...!?

El hombre gritó como pudo, lo que pudo ver Colette fue algo de niebla saliendo de la boca del hombre.... su rostro había sido congelado, el hombre llamado gran maestro alejó su mano y el hombre con la boca abierta congelada comenzó a dar vueltas. Los otros hombres parecieron bastante nerviosos al ver a uno de los suyos tras ser castigado, al ver como estaban el gran maestro dejó salir un gran suspiro cual si le fuera una molestia... era como si la vida de las personas no le valieran de nada... no, son duda alguna no le importaban las vidas de sus hombres, y Colette perdió el habla.

(Un castigo que no pareciera ser hacia un humano...)

Los ojos del hombre debajo de la túnica... eran más fríos que el hielo, Colette no podía ver humanidad en esos ojos, sintió frio el aire que estaba respirando y le caló en los pulmones, por primera vez sintió el “miedo” hacia un enemigo.... no, puede que sea una extensión de los sentimientos que había sentido cuando niña. Después de ver el hombre con la boca congelada sin poder respirar el gran maestro volteó a ver a Colette. Una presencia aplastante... era la misma sensación de cuando pensaba en la “muerte”...

— Maldición... con los planes hechos locos y ahora con estos que solo terminan molestando. Que la princesa sea tan tonta como para moverse por su cuenta, ¿quién hubiera esperado algo como eso?

Los ojos que veían hacia Colette se veían fríos, al notar que Colette no le mostraba miedo chasqueó la lengua.

— ¿Qué demonios quieres que hagamos? No hay manera de que podamos matarte aquí, pero tampoco podemos regresarte, maldición... que molesto.

El hombre estaba lleno de magia y emanaba un aura morada, era un poder mágico que se teñía de rojo sangre cual si fuera demoniaco, esa aura siniestra y poder hicieron que Colette tragara saliva. Era un poder aplastante... hacía que Colette temiera.

Pero el miedo que sentía no era por los ojos que se posaban sobre ella, eran la presencia que no parecía humana, nunca había visto algo como eso, era como si fuera de otro mundo, si creía las palabras del hombre entonces no la matarían, pero no había manera de que creyera en él, y si pensaba que eran palabras de alguien inusual como él entonces no había ningún seguro de que podría mantenerse con vida. Si molestaba en a hombre Colette sabía que no le tendría piedad, ya conocía su poder en carne propia, y eso como resultado la había llevado a la realidad actual amarrada de unas cadenas.

Los ojos del ser llamado gran maestro veían fríamente a Colette, ella sintió un escalofrió en su espalda, y apretó los ojos con fuerza.

Fue en ese momento.

La puerta de la entrada del almacén se abrió con fuerza con un gran estruendo y todas las miradas de las personas en el almacén se dirigieron a ese lugar, Aquella figura que se encontraba allí era de una chica de cabellos plateados con carmesí. La luz proyectada desde su espalda hacía que Colette la viera como alguien divino. Y la chica habló.

— Hola... princesa mía, ¡vine a recogerte!

Al mismo tiempo lanzó la esfera de luz que tenía en la mano, en ese instante el sonido y la luz se apoderaron del lugar...

 

 

 

 

 

Capítulo 10:

Ingreso

 

— Escucha Albel, a partir de ahora atacaremos la base principal del enemigo ¿Entendiste?

Mientras veía el almacén que era nuestro objetivo comenzamos con los últimos preparativos en las sombras, lo básico de lo básico es que ambos comprendamos nuestros roles en el plan antes de que se lleve a cabo, esta era nuestra última reunión, y después de ver que Albel asentía continué.

— Honestamente no creo que puedas realizar todos los detalles de la estrategia, eso principalmente por tu inexperiencia, después de todo estamos hablando de rescatar a un rehén lo cual normalmente sería un mundo de distancia de tus preparaciones, desde ahora te lo digo pero es un gran error que estés aquí, aunque en esta ocasión dejaremos ese tema de lado.

Pensándolo bien no tenía sentido traer a un príncipe para salvar a alguien de la familia real, además de que estábamos frente a extraños que no sabría ni como nombrar, sé bien que no se pierde nada con pensar, por lo que lo que importa es lo que viene ahora en adelante.

— Por eso es que lo que te pediré son dos cosas, la primera es que no te sobre exijas, por más que estemos hablando de salvar a una princesa en este caso tu mayor prioridad es tu propia vida, en el caso de que el enemigo te atrape perderás la capacidad de mantener tu vida a salvo, tu vida no es poca cosa ¿lo entiendes verdad?

—... Si, en caso de que mi vida se perdiera sería el motivo del inicio de una guerra.

— Entonces está bien, solo era para corroborarlo, así que pasemos a lo segundo más importante.

Después de corroborar los conocimientos previos levanté dos dedos, Albel parecía albergar nerviosismo, y lo que le dije fue...

— Cinco segundos después de abrir las puertas tapa tus oídos y ojos.

Era esencial que se cubriera.

— ¡Si!... ¿He?

¿Se sorprendió por lo sencillo de la petición o era porque no entendía? Posiblemente las dos, estábamos en el terreno enemigo, sería inconveniente que bloqueara sus sentidos de la vista y el oído, no hacía falta siquiera pensarlo.

— No tenemos el tiempo para explicarte los detalles de por qué deberías de hacerlo, solo diré que usaré magia la cual podría afectar a aliados, así que para evitarlo te pido que hagas eso.

—... ¿Ya veo? No lo entiendo muy bien pero entiendo que es lo que me pides, ¡haré como lo dices!

Era de agradecer que en estas ocasiones su confianza hacia mí me dejara proseguir con facilidad, si sabía eso era más que suficiente y con eso volteé a ver en dirección a la puerta. Por lo que pude investigar solo hay una puerta, no hacía falta vigilar demasiado el lugar, pero por el contrario, habría que pensar bien una manera de entrar de manera directa. Parece que era hora de usar la técnica mágica que había pensado hace tiempo.

Le hice una señal a Albel y me acerqué a nuestro objetivo, en cuanto estaba a una distancia cercana comencé a preparar la magia, sobre mi mano había una pequeña esfera de luz, y Albel se le quedó viendo con mucho interés.

— ¡Magia de luz!

— Parece que es el tipo de magia con la que tengo mayor afinidad.

Había toda clase de magias, y parece que con la que se tiene más afinidad no podría compararse con las demás usadas. En mi caso es la “luz” energía cercana al calor que provocaba daño, aun no termino de comprenderla del todo... pero es un poder que sirve para muchas cosas.

— Como se esperaba de Mylene-sama, ¡Después de todo eres la elegida por los dioses, no podría haber nadie más como tú!

En cuanto escuchó que la magia que se me da mejor era la luz los ojos de Albel comenzaron a brillar. Pero aun diciendo eso Albel también comprendía que no estábamos en un momento como para poder hablar, no dijo nada más que eso.

— Conteo regresivo, en cuanto llegue a cero entraremos, abriré la puerta y espera cinco segundos.

Albel asintió después de corroborar las sencillas indicaciones. No había otro momento para ver esto, es un tipo nada tonto, de seguro entendía bien lo que tenía que hacer.

— Aquí vamos... tres... dos... uno... ¡Cero!

Al mismo tiempo en que di la señal comencé a correr y abrí la puerta de acero. Volteé a ver rápidamente la situación dentro del almacén, era un lugar amplio, habían cuatro hombres con túnicas y.... ¡Colette se encontraba amarrada con vida! entonces lo que tengo que hacer es sencillo, los derrotaré a todos y salvaré a Colette, solo eso.

— Hola... princesa mía, ¡vine a recogerte!

Anuncié el inicio de la batalla a mi manera, mostré una sonrisa y lancé la esfera de luz que tenía en mi mano contra el suelo, al mismo tiempo cerré mis ojos y bloquee mis oídos con magia... no, creo que debería decirle tapones, una defensa mágica. Cuando la magia tocó con impulso el suelo... una intensa luz y un sonido estridente llenaron todo el lugar, dejé algo de tiempo y liberé la protección de mis oídos y abrí los ojos.

— ¿¡Que...!? ¡No puedo escuchar!

— ¡Mis ojos! ¡No puedo ver nada!

Al abrir los ojos y ver había dos quienes habían perdido el oído y la vista, había otro más que estaba atónito, además de uno que estaba analizando la situación... este tipo es bueno, en algún momento estaba expandiendo magia fuera de su cuerpo preparándose para contraatacar. Teniendo esto está definido lo que haré. Primero a eliminar a los débiles. Blandí mi espada apuntando a la parte baja de los dos hombres clavándola profundamente.

—... ¡Haaa!

— ¿¡Que pasa...!? ¿¡Qué está ocurriendo!?

Corté algo de carne necesaria para moverse y los dos hombres cayeron.

— ¿¡Khaa!?

— ¿¡Ghe!?

Pateé a los dos hombres y al golpear contra el suelo perdieron la conciencia, les fue bien, mejor que ser asesinados.

Me dirigí hacia el otro debilucho enterrándole el estoque en la parte superior de su estómago.

— ¿¡Pfhaaa....!?

Bajó el mentón y le di un golpe con el puño cortando su conciencia. Con esto le he quitado la habilidad para pelear a tres debiluchos, en el campo de batalla lo esencial es reducir la cantidad de enemigos, solo queda uno más. Era sorprendente que se hubiera mantenido con bien a pesar de que se supone que debí de haberle robado los sentidos de la vista y el oído, shora que lo veo de nuevo, a pesar de que sus ojos y vista no funcionaban del todo, de seguro estaba sintiendo los alrededores con magia, era como si tuviera la libertad de decir “ok, no los necesito ¿ahora qué?”

No pienso que con esto las cosas hayan terminado... era como lanzarle una pequeña roca. Así que comencé a juntar en mi mano la magia de luz en la que soy bueno, era magia sencilla, una esfera y se la lancé. Incluso no tiene nombre, solo “esfera de luz mágica” se acercó al hombre a la velocidad como la de una flecha, su poder no es la gran cosa pero... lancé tres esferas. Era una velocidad a la que si no estaba acostumbrado a sentir la magia no podría esquivarlos.

... Pero las esferas de magia no llegaron a la cabeza del hombre, en cambio apareció una pared de hielo contra las que chocaron. Se escuchó un sonido como si se hubieran roto vidrios y las espesas capas de hielo que había usado de escudo comenzaron a fragmentarse, al ver los efectos una esfera más podría hacer el trabajo.

— Tch...

El hombre no escondió su enojo chasqueando la lengua. No veía el ataque pero lo sentía, de ser necesario se protegía, tenía la mínima de habilidad para poder hacer eso, pensé que era bueno pero parece más de lo que había pensado.

— Albel, Colette.

— ¡Si!

Al decir su nombre comenzó a moverse rápido, yo continuaba fulminando con la mirada al hechicero de la túnica que había creado el muro de hielo. Todo para evitar que estorbara a Albel mientras me golpeaba con un instinto asesino.

— ¡Toma!

Albel blandió la espada rompiendo las cadenas que retenían a Colette y después le tendió la mano.

— Princesa Colette, su mano.

— U. um.... ¿Albel? ¿Qué está pasando? De pronto hubo una luz....

Parece que sus oídos aún no se recuperaban aunque sus ojos tal vez se hayan acostumbrado un poco, tendría sus dudas pero no había tiempo.

— ¡No hay tiempo para explicaciones! ¡por aquí!

Albel tomó la mano de Colette y se fueron corriendo a alguna parte, con esto logramos evitar la peor de las situaciones en la que podrían usarlos de rehén. De seguro ha de ser difícil para Colette, pero después veremos eso.

— Maldita, por ese cabello eres la “cabellos Silveria”... Mylene Vetore...

Casi al mismo tiempo el hombre dejó salir un doloroso susurro mientras tenía las manos en la cabeza, Parece que su vista había regresado así que... sus oídos ¿he? Escuché algo extraño en su vos y le respondí mientras fruncía las cejas.

— ¿Y que si fuera así?

—  Fum... “perra de dios” que vengas a este lugar, maldición, solo se la pasan haciéndome enojar.

Así que tampoco había problemas con la conversación. Parece que los efectos de la magia son más cortos de lo que pensaba, ¿será que la luz y el sonido pueden bloquearse dependiendo de la cantidad de magia de la víctima? ¿O hay diferencias en sus capacidades de recuperación? La magia que usé al entrar era “Duzzle Sonic” sonido y luz que queman los ojos y los oídos, una magia original que imposibilita los movimientos, la idea era que sin dolor pudiera inmovilizarlos por un tiempo, pero parece que aún tiene espacio para mejorarse, de ser posible me gustaría que tuviera más tiempo de efecto, y sobre todo lo que más toma tiempo y esfuerzo es generar el sonido, sería un gran problema tardar en crear la esfera.... es decir, no puedo usar el mismo truco durante la batalla. Pero aun diciendo eso de cualquier manera los efectos son pocos para aquellos que tienen buena percepción mágica.

— No parece que seas vendedor de drogas ¿Quién demonios eres?

Le pregunté mientras lo apuntaba con el estoque, aunque no espero que me de alguna buena respuesta...

— ¿Quién soy? ¿Cómo debería responderte?

Parece que tiene ganas de seguirme el juego. Pareciera que a los religiosos les encanta hablar, de seguro más a los de un culto malvado, ha de sentir que tiene la libertad teniendo a “los dioses de la luna” de su lado... ¿Qué tal entonces los que tienen al dios de Iltania?... Intenté buscar algo en mis recuerdos, pero este es el campo de batalla no puedo distraerme.

—... ¡No lo hagas Mylene! ¡Si peleas contra este hombre...!

Colette gritó. lo que me pareció inusual y me desconcentré un poco, era un grito desde el fondo de su corazón, con lo poco que la conozco sé que no perdería la compostura por cualquier cosa, cuando menos no como para tomar la elección de huir al enfrentarse a alguien de bajo nivel, Por un instante me puse a pensar. Pero puede que sea la suerte entre la desgracia, el hombre no me atacó en ese momento y resonó su garganta con felicidad.

— Somos creyentes de los dioses de la luna, seguidores de la diosa serpiente Dya Mirus, un guerrero que tiene un objetivo superior.

El hombre se quitó la túnica que le cubría el rostro mientras hablaba, al ver sus ojos terminé sorprendido, al mismo tiempo de que entendí porque sentía extraña su voz

— Ya pensaba que tu voz me parecía extraña.... pareces otra persona... nunca pensé que aparecería tu rostro.

Pero solo duró un instante, el hombre me fulminó con la mirada y continué.

— Mientras te la pasas regañándonos ¿Qué pasa con las clases? ¿He? Pelman-sensei.

La persona que apareció debajo de la túnica... era un maestro de la escuela de magia Zalfoa, el maestro gentil y estricto. Es cierto que corrían rumores de experiencias extrañas que había tenido... pero que fuera alguien importante en un culto, era bastante inusual que lo hubieran admitido como maestro de una escuela de aristócratas, Además, ese nombre “dioses de la luna”... ¿hasta dónde se habrán extendido en esta época?

Sentí un sudor frio mientras sonreía con sarcasmo.

 

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